La Burbuja de los Tulipanes

La burbuja de los tulipanes, o Tulipanomanía, constituye uno de los primeros fenómenos especulativos de masas de los que se tiene noticia. Ésta se dio en Holanda a principios del siglo XVII, en paralelo a la Guerra de los Treinta años (1618-1648).

En esta época, Holanda (en ese tiempo Provincias Unidas) gozaba de un gobierno poco intervencionista, que permitía que el país se encontrase en fuerte crecimiento económico y con una gran apertura comercial, lo que convertían al país en una potencia económica y exportadora de relevancia mundial.

Por otro lado, cabe destacar que el tulipán no es una flor originaria de Holanda, sino que es una flor proveniente de Asia central. Los tulipanes fueron importados a Europa Occidental a finales del siglo XVI. En Holanda, concretamente, a partir de 1.559 comenzaron a llegar los tulipanes desde Turquía (antiguo Imperio Otomano), donde era considerada una flor sagrada y servía de atrezo en las residencias de los sultanes o se empleaba para adornar sus trajes.

En un principio esta flor no eran muy popular ya que, en su estado natural, no es especialmente atractiva. No obstante, se produjo una extraordinaria adaptación de los tulipanes a las características del territorio holandés que generó una gran diversidad en la especie: en tamaños, colores, tonalidades y demás características.

En ese tiempo no se conocía el motivo de esta mutación. Actualmente, estas variaciones se asocian a un parásito de la flor que transmite un virus llamado “virus mosaico” (Tulip Breaking Potyvirus) . Éste afectaba a las flores provocándoles unas franjas de colores, denominadas llamaradas, que otorgaban un mayor colorido y belleza en los tulipanes.

Su cultivo en Países Bajos empezó a aumentar en torno a 1593, después de que el botánico flamenco Charles de l’Écluse (Carolus Clusius), plantó su colección de tulipanes en la universidad donde ejercía, creando una gran expectación.

Algunos tipos de tulipán que fueron especialmente populares y demandados por los inversores fueron:

– Couleren: de color rojo, amarillo o blanco.

– Rosen: de color rojo o rosa sobre un fondo blanco.

– Violetten: morados o lilas sobre un fondo blanco.

– Bizarden: rojos, marrones o púrpuras sobre un fondo amarillo.


Poco a poco, el tulipán se fue considerando una pieza de coleccionismo y un símbolo de ostentación y poderío económico entre la alta sociedad holandesa, sobre todo aquellos que presentasen características más extrañas de color, tonalidad, etc.

Horticultores intentaban conseguir colores cada vez más exóticos, con la finalidad de venderlos a precios más altos. Si un determinado tulipán era muy apreciado por sus características, la única manera de reproducirlo era mediante la adquisición de su bulbo (no servían las semillas).

A partir de 1620, el precio del tulipán comenzó a subir, sobre todo el de las especies más raras. En 1623, un bulbo podía llegar a valer 1000 florines. Un trabajador con un sueldo medio de la época necesitaría trabajar más de 6 años para poder comprarse uno de estos tulipanes. Y eso que, en ese año, apenas habían empezado a subir los precios en comparación con lo que ocurriría en los años posteriores.

A través del boca a boca, los tulipanes se convirtieron en el tema del que todo el mundo hablaba.  Los comerciantes más listos y audaces se dedicaban al negocio del tulipán y amasaban fortunas, mientras que aquellos que se atrevían a cuestionar los altos precios, eran tachados de necios.

La gran exportación de tulipanes a Francia, fue un factor decisivo en la formación de la burbuja especulativa. Hay que tener en cuenta que los tulipanes más demandados y por los que se llegaba a pagar una fortuna, eran aquellos contaminados por el “virus mosaico”, y éstos se encontraban en Holanda. Esto supuso un rápido incremento en la demanda, muy superior al continuo aumento de la oferta. Tal vez por ese motivo, a partir de 1634, los especuladores entraron con fuerza en el mercado y se asentó en la población la creencia popular de que, los precios de los tulipanes nunca bajarían y su cotización seguiría una senda alcista infinita. ¿os suena?

A pesar de que algunos grupos sociales alertaban sobre los riesgos de invertir en tulipanes, a medida que la “fiebre del tulipán” iba tomando mayor consistencia, la locura colectiva empujaba más y más los precios al alza.

En este contexto, algunas de las operaciones más absurdas y ridículas que llegaron a producirse en 1635 fueron:

La venta de un bulbo de la especie Semper Augustus por 6.000 florines, o el equivalente a 24 toneladas de trigo.

La venta de fincas y terrenos para poder adquirir un tulipán.

La compra de 40 bulbos por 100.000 florines. Esto es muchísimo más de lo que ganaría un trabajador con un salario medio a lo largo de toda su vida. Cómo podéis ver, comprar un ramo de flores podía salir un poco caro en ese tiempo.

Como si todos estos acontecimientos fuesen poco, lo que finalmente llevo la cotización del tulipán a romper de nuevo sus máximos históricos, fue la posibilidad de poder financiar las inversiones. En este sentido, los inversores no dudaban a la hora pedir préstamos e incluso a hipotecarse para adquirir los bulbos más preciados. Por otra parte, se hizo popular un tipo de contrato parecido a los actuales “futuros” que permitía invertir, aportando sólo una pequeña parte del valor de los tulipanes aun no recolectados. A este negocio se le denominó “windhandel” que traducido significa “negocio al aire”.

Cabe hacer un pequeño inciso sobre este punto. Si sabéis que es un contrato de futuros, podéis saltaros este párrafo y el siguiente. En caso contrario, un contrato de futuros es un contrato mediante el cual las partes contratantes se comprometen a realizar una operación de compra-venta en un momento posterior (concreto) y a un precio determinado. La inversión en futuros reduce claramente el importe de la inversión pero incrementa de manera proporcional el riesgo asumido.

Para que entendáis a que me refiero con “incremento proporcional del riesgo asumido”, voy a intentar explicar lo que supone invertir en futuros, comentando una operación parecida que se empleó durante la “burbuja del ladrillo” española. Durante estos años, los inversores tenían la posibilidad de adquirir una vivienda y venderla 2 años después por un 30% más de lo que les había costado. Por ejemplo, podían comprar una vivienda por 100.000 € y revenderla dos años después por 130.000 €. No obstante, a algunos inversores se les ocurrió emplear un método mucho más rentable. Se trataba de comprar una vivienda sobre plano cuya entrega de llaves estuviese programada para dentro de 2 años. Para esto, los compradores debían pagar cierta cantidad  de dinero por adelantado y comprometerse al pago del resto en la fecha de la entrega de llaves. Supongamos que el inversor en cuestión adquiriera una vivienda por 100.000 € y pagara 20.000 € por adelantado. Pues bien, la idea consistía en vender  el derecho (y la obligación) de compra antes de la entrega de llaves por un importe, por ejemplo, de 50.000 €. Si os fijáis, es fácil darse cuenta de que el inversor había conseguido hacer la misma operación que en el caso anterior, pero con una rentabilidad del 250%. A cambio de esta altísima rentabilidad, era necesario correr un gran riesgo. Así pues, en el caso de que la vivienda se depreciase un 20% se habría volatilizado la inversión y, en caso de no poder transmitir el derecho antes de la entrega de llaves y no disponer de financiación para la compra, el inversor se vería obligado a responder a la deuda con su patrimonio personal, presente y futuro.

Bueno, volvamos al tema de los tulipanes. Mediante la especulación y el empleo de inversiones apalancadas, aquellos que se dedicaban a invertir en tulipanes se hacían ricos rápidamente. A medida que la población descubría las bondades de esta peculiar inversión, aparecían nuevos individuos dispuestos a entrar en el negocio.

El circulo vicioso continuó, hasta que en 1636 se produjo la última gran subida en la cotización del tulipán, pasando de cotizar a 125 florines el bulbo en diciembre de 1636, a los 1500 florines en febrero de 1637.

* Tulip price index from 1636-1637. Recogidos por Earl A. Thompson in Thompson, Earl (2007), “The tulipmania: Fact or artifact?

No se sabe muy bien lo que inició la ola de ventas. En mi opinión, el detonador de una burbuja especulativa no es relevante ya que, cuando estás muy enfermo, un simple resfriado puede matarte. El caso es que, a principios de 1637, se inició un cierto agotamiento del mercado.

El 5 de febrero de 1637, se produjo la última gran venta documentada de tulipanes: 99 tulipanes por 90.000 florines. El día 6 de febrero, 500 g de tulipán salieron a la venta por un precio inicial de 1250 florines, pero nadie pujó por ellos. Los inversores más audaces comenzaron a vender y salieron del mercado recogiendo ganancias.  Dicha actitud fue contagiada rápidamente al resto del mercado, pero la liquidez había desaparecido y la multitud de vendedores no encontraron comprador. A partir de ese momento cundió el pánico y la gran mayoría de inversores intentaron vender sus tulipanes a cualquier precio, pero ya era tarde, la cotización se desplomó y los inversores que no lograron “escapar” a tiempo, se acabaron arruinando.

Aquellos que invirtieron en futuros se vieron atrapados en un compromiso en el cual, debían pagar precios altísimos por tulipanes que ya no valían prácticamente nada. Las organizaciones sociales pidieron al gobierno que interviniera el mercado de bulbos.

En un principio, los magistrados locales arbitraron en los problemas originados por los contratos sobre tulipanes. Posteriormente, el gobierno holandés trató de mediar, considerando nulos los contratos realizados después de noviembre de 1636, y estableciendo que los contratos de futuros debían ser satisfechos con un 10% de la cantidad acordada inicialmente. Estas medidas no contentaron a las partes implicadas. Los acreedores cobrarían un 90% menos que lo pactado, mientras que los deudores, aún con la condonación de parte de la deuda, debían pagar un precio muy superior al de mercado.

Cualquiera podría pensar que tras ocurrir un acontecimiento tan extravagante y de tales características, la población aprendería la lección y algo así no volvería a ocurrir jamás. Nada más alejado de la realidad. Después de estas fechas, las burbujas especulativas han sido la tónica en el mundo de las inversiones y han continuado ocurriendo hasta nuestros tiempos. A veces pienso que tal vez tuviese razón Albert Eintein cuando dijo aquello de: “sólo existen 2 cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y no estoy totalmente seguro de lo primero”. En fin, continuaremos hablando de burbujas especulativas en próximos posts…
 

Fuentes:
  • Elaboración propia

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