Toros, Osos y muchos Cerdos

Muchas personas se sorprenden cuando ven en Wall Street la imponente estatua de un gigantesco toro, o cuando en frente de la bolsa de Frankfurt pueden apreciar la representación del Oso y el Toro. La mayor parte de la población no sabe qué significan y, como buenos turistas, se limitan a hacerse una foto y continuar con su viaje.

Pero, ¿Qué significado tienen? Al igual que ocurre con otras tantas áreas, el mundo de la bolsa también cuenta con su propia simbología, que se ha ido perpetuando a lo largo de la historia. Dentro de esta simbología se encuentran el toro, el oso y el cerdo.

 

Toros y Osos

El toro simboliza a los inversores optimistas, que consideran que la bolsa continuará subiendo durante un período prolongado de tiempo, por lo que invierten en productos financieros que les aportan rentabilidad cuando la bolsa sube (ponerse largo o estar comprado), y esperan recortes del mercado para invertir más dinero. El toro, encarna por tanto la fuerza, la pujanza económica y la fortaleza de los fundamentos. En este sentido, los mercados alcistas suelen conocerse como bullish (en inglés toro = bull). Los toros se asocian a mercados alcistas por su forma de ataque: atacan siempre de abajo arriba con sus poderosas astas, levantando así a su presa.

El oso simboliza a los inversores pesimistas. Éstos, consideran que el mercado se va a hundir y utilizan diversos instrumentos financieros para ponerse cortos (estar vendidos) en bolsa. Estos inversores, al contrario que ocurre con los toros, obtienen beneficio cuando la bolsa baja, pero pierden dinero cuando la bolsa sube. Existen multitud de formulas para ponerse corto en bolsa: vender a crédito, warrants y turbos, CFDs, Futuros… Por lo tanto, el oso representa la falta de fundamentos y malos momentos del mercado. Así pues, los mercados bajistas se conocen como bearish (en inglés oso = bear). Los osos se asocian a mercados bajistas porque atacan con sus imponentes garras de arriba hacia abajo. No obstante, se cree que el término “oso” se empezó a usar en Nueva York en el siglo XVII, cuando los cazadores tenían una alta demanda de pieles de osos y se hizo popular su venta antes de realizar la caza. De ahí el dicho “vender la piel del oso antes de cazarlo”.

 

La eterna batalla entre toros y osos

Los toros empujan los precios hacia arriba y los osos arrastran los precios hacia abajo. La dirección en que se mueven los precios revela quién va ganando la lucha. El precio al cual se cierra una transacción es aquel en que los toros y los osos acordaron cerrar el trato. Ese precio representa el consenso de sus expectativas. Los toros seguirán pensando que el precio subirá y, por otro lado, los osos seguirán pensando que se deslizará hacia abajo.

El oso representa un mercado débil, que intenta liberarse de las peligrosas caídas generadas por la desconfianza de los inversores, hasta que el oso se cansa y tranquiliza y los miedos se agotan. Es entonces el momento de la llegada del toro que lucha por reactivar la bolsa. Ambos se encuentran en una lucha constante.

Tanto el toro como el oso han tenido sus momentos de gloria, saliendo victoriosos en algunas de las grandes batallas de la historia. A continuación destacaremos dos casos extremos:

• Toros: El Dow Jones subió, desde un mínimo de 759 puntos que marcó el 21 de abril de 1980, hasta los 11.722 puntos que alcanzó el 14 de junio del año 2.000, lo que supone un incremento del 1.444%.
Osos: Durante los 3 primeros años de la Gran Depresión. El Dow Jones perdió cerca del 90% de su valor.

 

La matanza del cerdo

Por último tenemos al cerdo. Este es el menos conocido y políticamente correcto de los 3. Representa a la mayoría de los pequeños inversores, que son los que tienden a arruinarse tanto en mercados alcistas como en mercados bajistas. Es decir, este pobre animal al que nadie se ha molestado en hacerle una estatua, lo tiene muy crudo, ya que no importa si van ganando los toros o los osos, los cerdos siempre pierden. Por los parqués circula un dicho: “los toros hacen dinero y los osos hacen dinero, pero los cerdos van al matadero”. Lo cierto es que está empíricamente demostrado que los pequeños inversores suelen perder dinero, o ganan menos que el mercado, tanto en mercados alcistas como en mercados bajistas.

Pero, ¿por qué ocurre esto?

Algunos lectores tenderéis a pensar que se debe a la mayor educación financiera y formación bursátil de la que gozan los inversores profesionales, otros pensaréis que se debe a la información privilegiada y a la multitud de contactos; y en parte tenéis razón. No obstante, el principal motivo por el que los inversores particulares tienden a arruinarse es inherente a la psicología de las personas. La mayoría de los individuos tienden a comprar caro y a vender barato, y lo más curioso es que no son conscientes de ello.

El ser humano es un animal propenso a actuar en rebaño, ¿a alguien le suena la palabra “moda”? Si lo pensáis bien, esa palabra es tan absurda que no debería de existir, pero existe, y ahora veréis como el efecto rebaño destroza la rentabilidad de los pequeños inversores en 2 pasos que se dan continuamente, ya que el mercado es cíclico:

1. Los mercados alcistas (bullish) suelen llevar aparejados períodos de bonanza económica. En estos períodos es cuando la población es muy optimista; los medios de comunicación hablan constantemente sobre el crecimiento económico, la bajada del desempleo o la subida de la bolsa; si hablas con amigos puedes ver que sus principales preocupaciones son si se comprarán este coche o aquél, o donde se irán de vacaciones este año; por otro lado, ves que tu empresa no para de contratar a gente y piensas en pedir un aumento de sueldo, porque tu lo vales. En una situación como esta, todo el mundo quiere invertir en bolsa porque saben que es “seguro” que con ello van a ganar mucho dinero de manera sencilla, y no quieren quedarse fuera del negocio. El problema reside en que a nadie le importa mucho a que precio compra las acciones, ya que en cualquier caso piensan venderlas mucho más caras, por lo que tienden a comprar a precios ridículamente altos y, lo peor de todo es que el momento de optimismo máximo suele coincidir con el punto en el que el mercado se da la vuelta.

2. Conforme la bolsa va cayendo, rápidamente vuelve el pesimismo generalizado a los mercados (bearish); los medios de comunicación sólo hablan de crisis económica, del incremento del desempleo y de la caída de los mercados; hablas con los amigos y compruebas que están muy preocupados por si podrán seguir pagando las cuotas del coche o de la casa; y en el trabajo ya has dejado de pensar en un ascenso o en un aumento de sueldo, y ahora tu única preocupación es que no te despidan. En una situación como esta, la mayoría de los inversores particulares tienden a vender sus acciones o a cerrar sus posiciones largas por temor a perder más dinero. Sin embargo, el momento de pesimismo máximo, suele coincidir con el punto en el que el mercado se da la vuelta.

El caso es que, tanto cuando la bolsa sube, como cuando la bolsa baja, siempre hay personas que ganan dinero. Estas personas disfrutan transmitiendo sus historias de éxito sin esfuerzo al resto de la comunidad. Por lo que nuevos inversores entran en el mercado atraídos por las perspectivas infundadas de dinero fácil, que acaban por convertirse en una odisea imposible.

 

La Teoría de la Opinión Contraria

Esta teoría se basa en la premisa de que el mercado está formado por personas que toman sus decisiones en función de dos sentimientos principales: miedo y codicia. Si los inversores sienten codicia, compran; y cuando sienten miedo, venden. Esta teoría cobra sentido cuando la inmensa mayoría de las personas tienen la misma opinión sobre lo que va a hacer el mercado. En esta situación, la probabilidad de que el mercado se mueva en sentido contrario al esperado por esa masa de personas es elevada.

¿Por qué funciona esta teoría?

Imaginemos un mercado potencial formado por 10 personas:

3 de ellas son muy hábiles invirtiendo y saben cuando deben invertir en bolsa y cuando no.
• Otras 4 personas tienen una habilidad media, y toman sus decisiones basándose en su propio criterio y observando qué es lo que hacen los inversores con mayores conocimientos.
• Las 3 personas restantes disponen de una habilidad muy inferior a la de los otros 7, por lo que toman sus decisiones basándose únicamente en lo que hacen los demás.

El proceso es el siguiente:

1- Antes de que las perspectivas económicas mejoren, los 3 inversores más hábiles empiezan a comprar acciones, ya que perciben ligeros indicios de mejora económica.
2- Una vez que la economía mejora, compran acciones los 4 inversores de capacidad media, basándose por un lado en la mejora de los indicadores económicos, y por otro lado, debido al hecho de que se han dado cuenta de que los 3 inversores más hábiles han entrado en el mercado. Esto hace subir todavía más el precio de las acciones, llegando a tocar precios superiores a los de su valor por fundamentales.
3- Finalmente, los 3 individuos con menos conocimientos sobre inversiones se lanzan a comprar acciones, ya que han descubierto que el resto de la población está invirtiendo en bolsa con magníficos resultados. Esto hace que los precios suban todavía más si cabe.
4- En esta situación, aunque el sentimiento del mercado es totalmente alcista y los individuos son extremadamente optimistas, la bolsa está condenada a caer, ya que todo el dinero susceptible de ser invertido ya lo está. Por lo que es ahora cuando los 3 inversores más avispados venden sus acciones en máximos históricos, obteniendo altísimos beneficios y haciendo bajar la cotización del resto de las acciones.
5- A continuación venden sus acciones los 4 inversores de nivel intermedio, ya que comienzan a sospechar que las condiciones económicas están empeorando y además se han dado cuenta de que los inversores con mayores conocimientos han deshecho posiciones. Con este movimiento las cotizaciones se hunden.
6- Por último, los 3 individuos con menos conocimientos, que compraron en máximos históricos pensando que podrían vender mucho más caro, han visto como no sólo los precios no han subido sino que no han dejado de bajar hasta hacerles perder la mayor parte del dinero invertido. Una vez descubierto que el resto de individuos más hábiles han abandonado la bolsa, optan finalmente por deshacer posiciones a cualquier precio por miedo a perder todo el capital. Cabe destacar, que estos inversores no vendieron sus acciones cuando empezaron a bajar, principalmente por 2 motivos:

a) Porque no eran conscientes de que las perspectivas del mercado estaban cambiando y pensaban que las cotizaciones remontarían.
b) Porque una vez que las acciones habían caído mucho se resistían ha aceptar su error y asumir altas pérdidas, llegando en algunos casos a promediar a la baja (adquirir más acciones reduciendo el coste medio de compra) pensando que así podrían derrotar al mercado.

7- Una vez que los 3 inversores menos cualificados abandonan la bolsa, prometiéndose no volver a invertir jamás en ella, se da la circunstancia de que todo aquel que era susceptible de vender acciones ya las ha vendido, por lo que nadie más puede vender. Este es el momento en el que los 3 inversores con mayores conocimientos vuelven a comprar acciones a precios muy atractivos, y vuelve a comenzar el circulo vicioso.

Aunque el ejemplo que acabo de exponer es un caso extremo, un proceso muy similar se da continuamente en el mundo de las inversiones en general y de la bolsa en particular, por lo que es muy importante conocer en todo momento cual es el sentimiento del mercado, para intentar predecir posibles cambios de tendencia. Hay que tener en cuenta que, no se trata de hacer sistemáticamente lo contrario de lo que piense el resto del mercado, sino más bien esta teoría se aplicaría en situaciones extremas.

La teoría de la opinión contraria, lejos de ser una teoría nueva e innovadora, es una teoría clásica. De hecho existe una anécdota que dice que, una vez, le preguntaron a John D. Rockefeller (considerado el hombre más rico de la historia), cómo había conseguido amasar su inmensa fortuna. Según el mismo Rockefeller, le bastaba con hacer lo contrario de lo que decía su chófer.

Antes de acabar el artículo, me gustaría hacer una reflexión sobre la teoría de la opinión contraria. La cuestión es: ¿Qué sucedería si todos los inversores intentaran hacer lo contrario de lo que hacen todos los demás? En una situación como ésta, probablemente el sistema se haría inestable y esta estrategia ya no podría ser empleada con éxito, por lo que es posible que algún día esta teoría carezca de sentido, pero viendo los acontecimientos de los últimos años, me atrevería a afirmar que ese día aun no ha llegado.